Aun cuando todas las evidencias parezcan señalar lo contrario, nunca debemos abandonar nuestra convicción de que Dios es bueno
Recuardas a Job, cuando hace esta confesión luego de un prolongado intercambio entre él y sus tres amigos que habían llegado a consolarlo. ellos creían que el sufrimiento de Job estaba directamente relacionado con algún pecado oculto en la vida de El.
No es acaso la misma convicción que poseen muchos líderes en nuestros tiempos. Los que andan en integridad, afirmaban ellos, no pasan malos momentos.
No hace falta que hagamos referencia a lo errado de esta postura, pues hasta el mismo Hijo de Dios pasó por el fuego refinador del sufrimiento (He 5.8).
Job no entendía cual era la razón de la desgracia que había venido sobre él y su familia. Creo que nosotros, aun teniendo acceso al increíble intercambio entre Dios y Satanás en el primer capítulo, tampoco entendemos realmente por qué ocurrió lo que ocurrió. Sabemos que Dios quiso demostrar algo, pero si miramos la situación con ojos humanos nos parece cruel la actitud del Altísimo. Esto es precisamente lo que nos diferencia de la persona de Job. Él creía que Dios era justo y bueno, aun cuando actuaba de maneras completamente incomprensibles.
De hecho, la lectura del libro revela que Job estaba confundido por lo que había acontecido. Pero en medio de esa confusión existe esta certeza:
«Aún si llego a perder mi vida, sé que Dios no obrará injustamente conmigo. Él es bueno y recto, y recompensa a todos los que esperan en él.»
Esta convicción inamovible constituye el fundamento sobre el cual se construye una vida de fe que agrada a nuestro Padre celestial. En esta tierra nos tocará transitar por muchísimas situaciones de sufrimiento y angustia. Mas algo que no debe cambiar nunca en nosotros es la convicción de que nuestro Dios es bueno y justo.
Aun cuando todas las evidencias parezcan señalar algo diferente, sabemos que él jamás perpetrará una injusticia, ni se hallará mal alguno en su persona.
Cuando esta convicción se convierte en la roca de nuestra fe podemos encarar la vida de otra manera. ¿Pasaremos por sufrimiento? ¡Por supuesto que sí! Pero ya no sufriremos el tormento y la angustia que padecen aquellos que creen que Dios los ha abandonado. Aun en medio de las lágrimas podremos decir: «Yo sé que mi Padre es bueno y que no existe en él injusticia alguna.»
Amen
12 sept 2008
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