
1:11Y se le apareció un ángel del Señor puesto en pie a la derecha del altar del incienso. 1:12 Y se turbó Zacarías al verle, y le sobrecogió temor. 1:13 Pero el ángel le dijo: Zacarías, no temas; porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Elisabet te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Juan. 1:14 Y tendrás gozo y alegría, y muchos se regocijarán de su nacimiento; (Lucas 1:11-14)
El mensaje que el ángel le trae a Zacarías le fue enviado porque «su petición ha sido oída». al igual que cada uno de nosotros, Zacarías y Elizabeth deben haber presentado las peticiones de su corazón delante de Dios. no es fácil la condición en la cual se encontraban, con el pasar de los años llega a ser difícil mantener viva la llama de la esperanza de que algún día nuestro anhelo se cumplirá. Ciertamente, desde una perspectiva humana, ya había pasado el tiempo en el que fuera posible que llegara el anhelado hijo.
¿Será por esto que Zacarías respondió de la forma que lo hizo? «¿Cómo podré saber esto? Porque yo soy anciano y mi mujer es de edad avanzada» La respuesta es inocente, pero delata un descreimiento de que tal cosa pudiera, en realidad, ocurrir.
Toda actividad tiende a convertirse en rutina después de un tiempo, y la rutina adormece el espíritu.
Seguimos con las mismas actividades, pero el corazón ha dejado de participar en ellas. Cuando entramos en este plano, nuestra vida espiritual indefectiblemente comenzará a apagarse.
De hecho, el reproche del Señor contra Israel fue precisamente por esta clase de comportamiento:
«este pueblo se me acerca con sus palabras y me honra con sus labios, pero aleja de mí su corazón, y su veneración hacia mí es sólo una tradición aprendida de memoria» (Isaías 29.13).
Es por esto que necesitamos cambiar periódicamente nuestras rutinas, para no quedar presos del aburrimiento.
Señor!, aún en medio de las actividades del quehacer cotidiano. Deseamos que nos sorprendas, nos inquietes, nos desafíes y
No queremos Señor, quedarnos dormidos mientras transcurre la vida a nuestro alrrededor
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