siendo en forma de Dios,
no estimó el ser igual a Dios
como cosa a que aferrarse,
sino que se despojó a sí mismo,
tomando forma de siervo,
hecho semejante a los hombres;
y estando en la condición de hombre,
se humilló a sí mismo,
haciéndose obediente hasta la muerte,
y muerte de cruz.
Por lo cual Dios también
le exaltó hasta lo sumo,
y le dio un nombre que es sobre todo nombre,
para que en el nombre de Jesús
se doble toda rodilla
de los que están en los cielos,
y en la tierra, y debajo de la tierra;
y toda lengua confiese
que Jesucristo es el Señor,
para gloria de Dios Padre.
(Php 2:5-11)
25 oct 2008
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