
Hace algun tiempo , un campesino volvía a su casa a caballo luego de haber estado varios días lejos de su hogar . Se imaginaba el gozo que iluminaría el rostro de su esposa y de sus hijos cuando vieran los regalos que les traía, envueltos dentro de una gran maleta. Apenas había visto que el cielo se oscurecía rápidamente. De pronto comenzó a llover, y el hombre se empapó hasta los huesos.
Estaba encolerizado. ¿Por qué le sucedía esto justamente a él y en ese mismo momento? Mientras continuaba quejándose de su mala fortuna, desde unos arbustos de junto al camino saltó un ladrón con el revólver desenfundado. Pálido de terror, el campesino oyó el ¡click! del percutor cuando el bandido preparó el arma. Pero no hubo disparo. Algo sucedió.
Sin perder un momento, nuestro hombre clavó las espuelas a su caballo y pronto estuvo fuera del alcance de su atacante.
"¡Qué necio he sido" pensó. "Me quejé de que la lluvia estaba arruinando mi viaje a casa. Pero si la lluvia no hubiera humedecido la pólvora del arma del ladrón, yo habría sido muerto. Nunca hubiera llegado a casa para reunirme con mi familia".
Cuán a menudo nuestros lamentos se tornarían en alabanzas si pudiéramos ver que alguna amarga vicisitud es realmente una bendición disfrazada. Cesarían nuestras murmuraciones, nuetras preocupaciones,nuestros decaimientos
Pero los que confían en Dios no deben preocuparse por los sinsabores que la vida le brinda. Su fe debe descansar en las promesas que Dios ha hecho para nosotros. Dios es lo suficientemente poderoso para convertir nuestros problemas y nuestras derrotas en las victorias más increíbles del mundo.
Todo lo que nos sucede ahora, es semilla del gozo eterno que tendremos en la nueva Jerusalén.
El no nos va a fallar.
Así lo hicieron todos los grandes hombres y mujeres de la Biblia, su secreto es esperar en Dios y
El mostraría su fortaleza en sus debilidades. Así resucitaron a los muertos, predicaron el evangelio, ganaron batallas y mucho más. Es asunto de fe y confiar que El hará.
Y sabemos que á los que á Dios aman, todas las cosas les ayudan á bien, es á saber, á los que conforme al propósito son llamados.(Romanos 8:28)
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