
Su costado había sido traspasado, una lanza romana fue testigo de tremenda agresión, rústicos clavos atravesaron sus manos y pies, encargándose así de crear un dolor constante y tenaz, su cabeza vestía una corona que nunca jamás ningún rey vistió.
Este cuadro desgarrador no fue casual ni tampoco un hecho aislado de violencia, sino que fue precedido por la carga de un madero insostenible y el castigo de treinta y nueve latigazos sobre sus espaldas.
No fue su amigo Judas, tampoco Poncio Pilato quien lo mató, como oveja fue llevado al matadero y enmudeció, pero El decidió voluntariamente entregar su vida, nadie se la quitó.
Esta tipo de muerte todo un símbolo social de la época, humillante y despreciada por todos, patrimonio único de ladrones o asesinos.
Pero El levanto sus ojos a los cielos y exclamó “Padre perdónalos porque no saben lo que hacen”.
Este cuadro desgarrador no fue casual ni tampoco un hecho aislado de violencia, sino que fue precedido por la carga de un madero insostenible y el castigo de treinta y nueve latigazos sobre sus espaldas.
No fue su amigo Judas, tampoco Poncio Pilato quien lo mató, como oveja fue llevado al matadero y enmudeció, pero El decidió voluntariamente entregar su vida, nadie se la quitó.
Esta tipo de muerte todo un símbolo social de la época, humillante y despreciada por todos, patrimonio único de ladrones o asesinos.
Pero El levanto sus ojos a los cielos y exclamó “Padre perdónalos porque no saben lo que hacen”.
Nadie más que mi señor Jesús pudo amar tan incondicionalmente a su propio verdugo, aún en el mismo momento de su tortura.
“De tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su único hijo unigénito, para que todo aquel que en El crea no se pierda, mas tenga la vida eterna”
El dolor de sus heridas fue porque nos amó sin medida, un Dios portador del mas grande amor irracional que haya conocido.
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